Actividades / El resumen de la charla sobre Asia Central

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Al abordar el “nuevo papel” de Asia, China o Asia Central en la política y en la economía mundial los europeos solemos adoptar un enfoque equivocado de partida que nos lleva a no entender lo que está pasando y a errar en nuestros juicios sobre los procesos de cambio que estamos viviendo actualmente. En nuestra visión del mundo mantenemos a prioris que no son verdad pero que a los europeos nos gusta seguir creyendo; como que Europa es un continente y se encuentra en el centro del mundo o que Europa, desde la Grecia clásica toma la “delantera histórica” sobre Asia e inicia un desarrollo mayor, creciente y extendido por todos los ámbitos de la “civilización” sobre Asia.

 Pero la realidad es que ni somos un continente ni estamos en el centro del mundo (nos hemos colocado nosotros en el centro) ni hemos ido “por delante” de Asia, en términos de “desarrollo histórico”, desde la Grecia clásica hasta nuestros días. Asia estuvo “por delante” en casi todo y durante casi todo el tiempo desde el Neolítico hasta que a partir del siglo XV Europa empieza a alcanzar y luego superar a Asia, fundamentalmente en el desarrollo tecnológico.

Y aún así, Europa no se impondrá sobre Asia hasta la Revolución industrial y la Revolución francesa. De hecho, cuando examinamos las relaciones comerciales entre Europa y Asia a lo largo de la historia, el comercio entre ambas fue siempre deficitario para Europa: fundamentalmente ellos exportaban y nosotros comprábamos.

Este es el periodo histórico de la “anomalía europea”. Tiene en su base el desarrollo de la tecnología naval y el control militar de las rutas marítimas (descubrimiento de América a finales del siglo XV y su posterior conquista por los europeos en una primera etapa y expansión colonial por África y Asia en el siglo XIX en un segundo momento). El éxito europeo sustentado en el control de los mares y en la expansión del comercio por marítimo llevará a Europa a dominar el mundo. El mejor ejemplo de ello es el Imperio colonial británico decimonónico.

El siglo XX es, sin embargo, el siglo de la “anomalía estadounidense”, la “anomalía de la anomalía”. Una antigua colonia británica en América alcanza la supremacía mundial remplazando a Gran Bretaña en el dominio de los mares. Es el dominio de una potencia periférica fuera del gran bloque euroasiático-norteafricano que había sido el gran escenario de la historia hasta ese momento.

Pero en el siglo XXI desaparecen las “anomalías históricas”, las aguas vuelven a su cauce, y Asia vuelve a ser el protagonista principal… y regresa China.

Quizá el mejor ejemplo de este cambio sea la Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS), que celebró en Astaná, la capital kazaja, en este año su cumbre anual en la que, además, celebraba también su décimo aniversario como organización. En su agenda figuraban asuntos de tanta relevancia como su posible expansión y la situación en Afganistán.

La Organización para la Cooperación de Shanghái está compuesta por los miembros de pleno derecho (Federación Rusa, República Popular China, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán), los observadores (República Islámica de Irán, India, Pakistán y Mongolia), los Socios de Dialogo (Bielorrusia y Sri Lanka) y Afganistán que tiene el estatuto de invitado. Altamente significativo de la importancia que está adquiriendo rápidamente la OCS es la reciente solicitud de Turquía para adquirir el estatuto de Socio de Dialogo.

Por primera vez en la historia tenemos una organización regional de la máxima importancia, que cubre casi todo Asia y de la que la Europa atlántica (léase OTAN) y los EE.UU. están fuera. Y si en algo están de acuerdo sus dos miembros principales, Rusia y China, es que Europa, y especialmente los EE.UU. sigan estando fuera de la Organización y, más específicamente, de Asia Central.

El reciente viaje a Mongolia de A. Merkel en plena crisis de la eurozona para firmar acuerdos relacionados con la industria minera del carbón mongola del sur del desierto del Gobi es un ejemplo más de la importancia que está tomando Asia en general, y no sólo el gigante chino, en la economía mundial.

Es verdad que en Mongolia, además de una floreciente industria minera, subsiste una importante economía ganadera nómada representada por la imagen de innumerables yurtas esparcidas por ese inmenso mar verde que es la estepa mongola. Sin embargo, en el Asia Central postsoviética ya no hay prácticamente yurtas ni una economía de ganaderos nómadas. Asia Central es cada vez más una región marcada por el desarrollo urbano gracias al gas y al petróleo fundamentalmente que 3 de sus estados tienen.

La abundancia de estos recursos es la principal razón por la que las grandes potencias, EE.UU., Rusia y China, compiten por establecer su hegemonía en Asia Central a través de lo que metafóricamente podemos llamar las tres “nuevas rutas de la seda”, Tres proyectos distintos y enfrentados auspiciados por cada una de estas potencias.

 Las tres “nuevas rutas de la seda” son:

  • La Rusa, construida a través de la Unión Aduanera de Rusia Bielorrusia y Kazajistán, de la futura Unión Económica Euroasiática propuesta por Putin y del reforzamiento del Oriente ruso. Dirección: oste-este y norte-sur.

  • La China, a través de la OCS, de otras organizaciones regionales y de acuerdos bilaterales. Dirección: este-oeste con un ramal hacia el norte (Mongolia, Rusia) y otro hacia el sur (Birmania, Pakistán)

  • La “Nueva Ruta de la Seda” de EE.UU. propuesta recientemente por Hillary Clinton, en estrecha relación con la futura retirada de las tropas norteamericanas en el 2014 de Afganistán. Dirección: Norte-Sur con un ramal este-oeste (Azerbaiyán, Georgia, Turquía).

Estas tres “nuevas rutas de la seda” se enfrentan a numerosos problemas y desafíos de los que me gustaría destacar cuatro de ellos para finalizar esta intervención:

 – El problema de Afganistán: la continuación de la guerra civil afgana después de la anunciada retirada de EE.UU. de Afganistán en el 2014. No debemos olvidar que la guerra de Afganistán es ante todo una guerra civil desde sus origines y no una invasión soviética, primero, y norteamericana, después, de un país que estaba en paz.

 – El problema del agua: que enfrenta a los países productores de gas y petróleo Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajistán; pero con escasez de agua con los que tienen agua, Kirguistán y Tayikistán; pero no recursos energéticos fósiles. Especial gravedad presenta el contencioso entre Tayikistán y Uzbekistán por la reconstrucción de la presa de Rogún.

 – La inestabilidad de Kirguistán, con el enfrentamiento étnico entre los kirguises y la minoría uzbeka y regional entre los kirguises del norte y del sur y los problemas en el valle de Ferghana con el auge del integrismo islámico.

 – Finalmente, no como problema, sino como nueva realidad, está la emergencia de Kazajistán como la gran potencia regional de Asia Central: su estabilidad social y política, su riqueza (gas, petróleo, uranio, etc.) y su dinamismo en política exterior la convierten en el nuevo gran actor regional que está llamado a tener un creciente protagonismo en el “nuevo Gran Juego” de Asia Central.

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